La gente prefiere el odio antes que la indiferencia

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El rencor es un compromiso espiritual con nosotros mismos, tanto como el amor.

El odio exige una gran cantidad de atención por parte de nosotros hacia lo odiado. Por eso quienes no cuentan con cualidades para hacerse amar, se convierten fácilmente en personas despreciables. Recibir atención.

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Algunos prefieren un insulto que un saludo frio y cordial. Al menos el insulto los hace sentir que alguien se tomó la atención de despreciarles.

Así es el ego, como una sombra buscando la flama de nuestra atención para poder proyectarse. Parece que baila y se mueve, pero existe únicamente como producto de un ardor ajeno.

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Damos vida a las sombras y no hay nada que estas teman más que la indiferencia. La indiferencia las apaga. Temen las sombras del inconsciente que la llama de nuestra atención un día deje de alumbrarles la cara.

“Si no has de amarme, entonces ódiame, pero no seas indiferente, no dejes de hacerme saber que existo”.

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